Nelson Illescas
Julio, 2026
Durante treinta años, la Argentina construyó uno de los sistemas regulatorios más sólidos del mundo en biotecnología agropecuaria: desde la creación de la CONABIA en 1991 hasta la aprobación de la primera soja transgénica en 1996, el país no solo adoptó tempranamente los OGM sino que se convirtió en referente internacional, llegando a ser designado Centro de Referencia de la FAO en bioseguridad. En este artículo se reconstruye esa trayectoria institucional, mostrando cómo Argentina fue pionera al regular la edición génica en 2015 —la primera norma del mundo en su tipo— y al aprobar el primer trigo genéticamente modificado en 2020, casos que se analizan en detalle junto con sus complejidades comerciales, como el reciente conflicto por trazas de soja HB4 en la Unión Europea.
El documento va más allá de celebrar los logros: examina también las tensiones actuales del sistema, desde la reforma pendiente de la Ley de Semillas y el debate sobre UPOV 91 en el marco del acuerdo con Estados Unidos, hasta los vaivenes institucionales recientes (como la disolución y restitución del INASE) y la creciente dependencia de mercados como China y Brasil para que las aprobaciones domésticas se traduzcan en negocios reales. Con datos actualizados a 2026 y una mirada que combina historia regulatoria, geopolítica comercial y análisis de política pública, el artículo ofrece un balance matizado y necesario para entender qué hizo posible el liderazgo argentino en biotecnología agrícola y qué desafíos definen su futuro en la era de la edición génica y la bioeconomía.
